Los hospitales, clínicas y residencias de mayores son entornos especialmente sensibles y vulnerables. En estos espacios, cualquier incidente puede tener consecuencias graves, por lo que la prevención y protección contra incendios son una responsabilidad esencial.
El #CTE establece que estos edificios tienen uso hospitalario y deben cumplir requisitos de seguridad estrictos. Son instalaciones ocupadas las 24 horas, donde muchas personas no pueden evacuar por sí mismas.

Medidas básicas como la #sectorización, las áreas de refugio y el uso de materiales con reacción al fuego adecuada forman parte de una cadena de seguridad que salva vidas. La prevención incluye también planes de emergencia actualizados, simulacros periódicos y una cultura de seguridad compartida por todos los profesionales.

El Código Técnico de la Edificación (CTE) lo deja claro: hospitales, clínicas y residencias tienen uso hospitalario, lo que significa que deben cumplir exigentes requisitos de seguridad. Se trata de edificios ocupados las 24 horas, con pacientes que, en muchas ocasiones, no pueden valerse por sí mismos. Cualquier incidente se convierte rápidamente en un riesgo muy alto. Por eso, la preparación no admite retrasos ni improvisaciones.

Las medidas básicas de protección no son complicadas, pero sí imprescindibles. La sectorización de los edificios permite crear zonas seguras donde el fuego no se propague, y las áreas de refugio facilitan que los ocupantes permanezcan a salvo hasta ser trasladados. Todo esto pierde sentido si el personal no está formado para actuar con rapidez y seguridad en caso de emergencia.

La prevención es clave en los hospitales

La prevención es clave: planes de emergencia actualizados, simulacros periódicos y una cultura de seguridad que implique a todos los profesionales. Incluso elementos como cortinas, tapicerías o alfombras con reacción al fuego adecuada forman parte de esa cadena de protección.

La tecnología también juega un papel fundamental. La combinación de detectores de humo y rociadores automáticos es la solución más eficaz que existe hoy en día. Los detectores permiten identificar el fuego en su fase inicial y activar alertas inmediatas, mientras que los rociadores ofrecen un tiempo vital para la evacuación e incluso pueden controlar o extinguir el incendio. Mantener libres de humo los pasillos y vías de escape es igualmente esencial: recordemos que el 75 % de las muertes en incendios se produce por inhalación de humo.

Cumplir la normativa es obligatorio. El CTE y el Reglamento de Instalaciones de Protección contra Incendios (RIPCI) establecen exigencias sobre materiales resistentes al fuego, extintores accesibles, bocas de incendio equipadas, sistemas de detección y alarma, y comunicación directa con los bomberos en edificios grandes. Pero cumplir la ley no debería ser el límite. Desde Tecnifuego defendemos ir más allá, adoptando soluciones que eleven el nivel real de seguridad. No se trata solo de normas: se trata de proteger vidas.

 

 

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