Cuando hay un incendio, las normativas obligan a aislar (compartimentar) las zonas en sectores de incendio, para evitar que el humo y las llamas atraviesen muros o forjados. El fuego suele propagarse a través de los pasos de instalaciones, ya que en gran parte son de materiales combustibles o fundibles (tubos PVC, PPR, cableados, etc.), y al quemarse dejan huecos por los que se transmite el incendio.
No se trata de la protección alrededor del tubo (aunque en muchos casos también), sino de tapar el hueco que dejan las instalaciones al quemarse. Uno de los elementos más utilizados son los collares intumescentes, aunque hay otros sistemas.
Están formados por una banda intumescente de material no combustible enrollada al tubo, que expande su volumen al exponerse al calor. El cerco metálico perimetral obliga a que la expansión se realice hacia el centro (y no hacia el exterior), dejando el hueco tapado.
El sistema aprovecha la temperatura del propio incendio para reaccionar químicamente y generar un tapón macizo, bloqueando el paso de humo y llamas a través de las instalaciones que atraviesan un muro o forjado.
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