Cuando hablamos de F-30, F-60, F-90 o F-120, nos referimos al tiempo durante el cual un elemento constructivo debe mantener su capacidad funcional bajo condiciones normalizadas de incendio. Es decir, 30, 60, 90 o 120 minutos de resistencia al fuego, según las exigencias del proyecto.
Esa clasificación no se define al azar. Depende de variables como el destino del edificio, la superficie edificada, la carga combustible, el número de pisos, la altura y el nivel de ocupación. No enfrenta el mismo escenario una vivienda aislada que un hospital, una torre o una instalación de mayor complejidad.
En estructuras de acero, la protección pasiva busca retrasar que el elemento alcance su temperatura crítica. Para eso pueden utilizarse placas, encajonamientos, morteros proyectados o pinturas intumescentes, entre otras soluciones. Todas tienen un objetivo común: reducir la entrada de calor y ayudar a conservar el desempeño estructural durante el tiempo exigido.
Pero lograr una clasificación F determinada no depende sólo del producto elegido. También influyen la masividad del perfil, los ensayos de resistencia al fuego y, cuando corresponde, los estudios de asimilación que respaldan técnicamente la solución.
Por eso, exigir F-120 no significa asumir que una estructura puede colapsar después de dos horas. Significa que debe demostrar un desempeño mínimo bajo condiciones normadas durante ese período.
Fuente: Cortafuegos Ingeniería
